Que es la Biodescodificación: es el nombre que se da en España a uno de los nuevos enfoques terapéuticos, desarrollados a partir de los descubrimientos del médico alemán Ryke Geerd Hamer sobre el origen y el sentido de las enfermedades y la experiencia de numerosos investigadores y practicantes, como por ejemplo: Claude Sabah, Marc Fréchet, George Groddeck, Anne Schutzenberger, Salomon Sellam.

Estos y otros autores han demostrado que las “enfermedades” no existen como tales, sino que se trata de programas biológicos de supervivencia, que activa el cerebro para adaptar al organismo al estrés que padece, fruto de los conflictos que afectan a todo ser vivo.

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El representante más conocido en España de este enfoque es Enric Corbera, del que puedes ver varios vídeos en este enlace.

Notas: aunque no es estrictamente correcto, emplearemos Biodescodificación para referirnos a todos los enfoques basados en las ideas de Hamer, ya que, son muchos y con nombres diferentes.

En estos enlace dispones de charlas introductorias:

Cambiando el paradigma: la causa real de la enfermedad

La enfermedad se puede definir como el síntoma de que nuestro cuerpo está en desequilibro, y ésta es su respuesta de adaptación al entorno que le genera estrés. Por tanto, la enfermedad es reversible siempre que saquemos al organismo del estrés que vive.

El responsable de cómo se adapta el cuerpo al estrés es el cerebro, a través de sus programas biológicos desarrollados a lo largo del proceso evolutivo de la especie. El cerebro controla y coordina las funciones de todo el organismo. Las diferentes zonas cerebrales se encargarán de supervisar el metabolismo de los órganos y tejidos con los que están conectadas, por desarrollarse desde la misma capa de células en la etapa embrional. Al producirse una situación estresante, la zona del cerebro responsable del procesamiento induce una cambio en el comportamiento del órgano que controla, para adaptarlo a los nuevos requerimientos del problema, saliendo del funcionamiento equilibrado. Si este cambio se mantiene en el tiempo se denomina síntoma de la enfermedad.

La intensidad del estrés vivido, que se percibirá como respuesta emocional, define la profundidad del cambio orgánico y, por tanto, la gravedad de la enfermedad que se desarrollará si el desequilibrio se mantiene en el tiempo. De aquí, es posible concluir que en todas las enfermedades hay un factor psíquico, determinado principalmente por los procesos subconscientes del cerebro, los que determinan la percepción de la amenaza, y los que generan más del 90% de nuestro comportamiento.

El cerebro humano, el que menos instintos tiene de todos los animales y el más plástico, aprende sus comportamientos ante eventos externos a través del mecanismo básico de estímulo-respuesta, compartido con el resto de animales y, además, gracias al neocórtex, es capaz de elaborar otras asociaciones más complejas y simbólicas, que posibilitan que se dispare una situación estresante ante estímulos irreales. Esta capacidad es la que provoca la mayoría de la enfermedades en la “sociedad civilizada”.

Significado de los síntomas

Cada uno de los síntomas de la enfermedad tiene un sentido para el subconsciente, que los usa para adaptarse a la situación de estrés, pero ese sentido o simbolismo puede cambiar de cultura a cultura, de familia a familia o entre los mismo individuos. Por tanto, aunque existen diccionarios que asocian los síntomas de la enfermedad a las zonas cerebrales que controlan los tejidos y órganos, y éstas con el tipo de conflicto emocional que procesan, no pueden considerarse como una biblia que siempre se cumple, sino como una guía que facilita encontrar la situaciones problemáticas.

Para aclarar esta idea ponemos unos ejemplos sacados del libro “Las alergias no existen” de Salomón Sellam:

  • Rinitis (estornudos y desaparición del olfato): asociado a no querer percibir el olor en el ambiente o incluso el viento.
  • Conjuntivitis (lagrimeo y picor): no querer ver con claridad visión.
  • Dermatosis (edema que anega los receptores cutáneos): modo de evitar el “contacto” o la falta de él, separación.
  • Edema de Quincke (garganta): las tensiones en la garganta se asocian a miedos y la incapacidad de expresar.

 

El biochoque o DHS (Síndrome de Dirk Hamer)

La respuesta de estrés es el elemento clave en el cambio metabólico adaptativo de órganos y tejidos, que puede desembocar en la enfermedad. Hay un tipo especial de situaciones que generan y reprimen una alta carga de estrés, que se pueden calificar como los eventos desencadenantes de una enfermedad grave. A estas situaciones se las denomina biochoques.

Para que una persona sufra un biochoque debe experimentar cuatro condiciones:

  1. La situación vivida debe ser inesperada.
  2. Altamente estresante.
  3. Debe sentirse aislado, real o emocionalmente, de los demás.
  4. Sin salida posible” al problema.

En estas situaciones no es posible la liberación de la carga emocional y ésta queda “congelada” internamente manteniendo el conflicto activo permanentemente. Generalmente, se sufre un biochoque desencadenante de una enfermedad grave de 1 a 2 años antes de ser diagnosticada. Este hecho ya se ponía de manifiesto en los estudios de 1967 de Holmes y Rahe sobre situaciones estresantes.

 

Desarrollo de la enfermedad

Etapa de programación

En este punto de la explicación surge una pregunta fundamental: ¿por qué no sufren el mismo biochoque todas las personas en la misma situación?, y la respuesta de Claude Sabbah y Mark Fréchet es: porque no todas las personas tienen la misma predisposición subconsciente a interpretar emocionalmente los mismos eventos externos de la misma manera. Esta predisposición subconsciente se va creando a partir de las vivencias acaecidas en las diferentes etapas vitales de la persona, que podemos dividir en:

  1. Transgeneracional: este es uno de los conceptos más novedosos de la Biodescodificación (desarrollado por Salomón Sellam) y propone que las situaciones conflictivas vividas por los antepasados dejan una huella emocional en el subconsciente del clan, que puede ser percibida con mayor intensidad por algunos de sus miembros, marcando fuertemente parte de sus programaciones emocionales.
  2. Concepción y gestación: las células sexuales que formarán al nuevo ser, pueden contener información que le predisponga a unas determinadas maneras de adaptación al ambiente que vivían los padres cuando fueron generadas. Además, en el desarrollo del feto todas las experiencias vitales de la madre pueden ser almacenadas como estímulos-respuesta por las células en crecimiento.
  3. Infancia: desde el nacimiento hasta los 10 -12 años, el niño vive en un estado cuasi-hipnótico, muy sugestionable, en el que las emociones son vividas intensamente y que cuando son reprimidas generan fuertes patrones de comportamiento que reproduciremos el resto de nuestras vidas. Ese estado cuasi-hipnótico se pierde según se van desarrollando las defensas subconscientes (represión, racionalización, negación) que permiten sobrellevar el estado emocional interno.
    Por debajo de los 7 años las enfermedades de los niños se interpretan como somatizaciones de las tensiones de los padres.
  4. Pubertad / edad adulta: generalmente las situaciones conflictivas que vivimos en esta etapa ya han tenido su programación en las etapas anteriores y lo que producen es un refuerzo de la represión emocional.

La etapa de programación puede variar en duración antes de desarrollar una enfermedad (etapa sintomática). Esto depende de la intensidad de la tensión acumulada en las situaciones programantes y el tiempo que se mantenga dicha tensión.

Etapa sintomática

Para que aparezcan los síntomas se debe haber superado el umbral de aguante. Esto puede ocurrir por un impacto emocional muy fuerte, la suma de muchos pequeños o combinación de ambos.

Diferentes visiones dentro del nuevo paradigma

Aunque la mayoría de la base teórica es común entre la Nueva Medicina Germánica de Hamer y los desarrollos posteriores que han dado lugar a la Biodescodificación, hay conceptos que se interpretan de manera bastante diferente. La visión de Hamer es muy biológica y determinista, no dejando lugar para el efecto del neocortex/subconsciente humano sobre la biología animal básica. Para él un lobo y un humano funcionarían de la misma manera. En Biodescodificación se tiene más en cuenta la capacidad de nuestro cerebro de crear asociaciones libres y metáforas, evitando ser categórico al diagnosticar la fuente del conflicto, confirmando siempre con la historia del paciente.

En este punto nosotros, coincidiendo con Salomon Sellam, añadiríamos que las fases de la enfermedad, aunque biológicas, no son reglas inamovibles. Hay “remisiones espontáneas” de enfermedades que no parecen pasar por la fase de crisis epileptoide, ni respetar la evidencia experimental de que las fases de conflicto y reparación suelen durar lo mismo. De hecho, poder entrar en conflicto en la fase de reparación nos parece indicativo de que no se ha resuelto el conflicto totalmente, cosa que solo puede ocurrir si se han tratado todas las situaciones programantes.

[…] por favor, memorizar una cosa que para mí es primordial, mientras este el síntoma, el conflicto está ahí. Si me duele existe todavía el conflicto y si he mejorado en un 30% sigue habiendo un 70% de conflicto, esto es muy, muy importante, en biodescodificación soy el único que digo esto, yo no lo he inventado, es lo que yo constato cada día en consulta. A lo mejor os voy a desestabilizar un poco, se habla fases de sanación y de conflictos de enfermedad, ¿esto, lo habéis aprendido?, ¿lo tenéis claro?, a mi esto no me importa, porque para mí si hay enfermedad hay el conflicto, y yo esto le he verificado mucho, así que no hay fase activa y fase de reparación, para mí hay síntoma, hay actividad, esto es un problema, pienso que a lo mejor no tengo razón, pero sois vosotros qué vais a verificar en vuestras consultas.

La capacidad que poseemos los seres humanos de ser conscientes y cambiar los programas internos del subconsciente, nos habilita para superar las “leyes” de la biología (si un programa no se cambia siempre se cumple). Estamos en un momento en el que hemos empezado a descubrir las increíbles habilidades de nuestro cuerpo y sería volver a caer en el mismo error de la medicina oficial el poner límites a nuestras capacidades sin antes haberlo comprobado concienzudamente. Con que haya una sola excepción la ley deja de ser universal.

 

 

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